Ahora que dispongo de las dos manos para escribir voy a contaros cómo nació Pablo. Que sean las cuatro y media de la mañana carece de importancia: me he despertado por mi misma porque el cuerpo me pedia un zumo de naranja y un cruasán (o curasán, que dicen en mi pueblo) asi que aprovecho y aqui estoy.
El martes 13 de octubre teniamos que estar en la clínica a las 12. Yo por la mañana en lugar de tener contracciones, lo que tenia era la plancha del pelo en la mano, porque una no es tan pija como para haber ido a la pelu el dia anterior, pero queria ir apañadita. Salimos para allá con la antelación que impone el tráfico; yo iba, en palabras del entonces futuro padre como el que va al ambulatorio. El tráfico resultó portarse bien, y llegamos 15 minutos antes de lo previsto, dimos un paseíllo para tomar el último sol octubrero y me dió tiempo de localizar una tienda de jamon iberico que... mmmm... A las doce, llegamos a la clínica e hicimos el ingreso. Asomó la cabeza una enfermera y la de admisión le dijo "ya está aqui la partera" y yo me quedé una vez mas con ganas de saber porqué ya no se dice parturienta y se dice partera, porque es que a mi partera me suena mas a patera que a parto, pero me volví a quedar con la duda, ya que en ese momento pensaba "uf, soy yo, la partera, qué cosas" Me dieron una habitación y subimos. La clínica es muy pequeña, con el encanto que permite llamar a lo viejo antiguo, por supuesto muy limpia, las paredes de la habitacion amarillas y un pedazo de ventanal por donde entraba un sol maravilloso, asi que me dió un subidón que pa qué. Una enfermera vino y me dijo que me lo quitara todo y me pusiera una bata de papel (azul) y ahí ya si que se me removieron un poco los chakras, todo el que se haya operado de algo sabe que cuando te quitas la ropa y te quedas en pelotillas te viene la sensación de vulnerabilidad (es decir de acojono)
En esto se presentó la familia, yo seguía tan tranquila, en vez de ponerme trascendental me preguntaba si desde donde estaba sentado mi suegro me vería transparentado el culo (luego ya cuando todo el mundo se harta de verte las tetas se te pasa la verguencita) y al fin vinieron a por mi. El momento me tumbo en la camilla supuso un nuevo pequeño movimiento de chakras. Primero me bajaron a la sala de partos; yo sin romper aguas ni nada de nada me sentía un poco fuera de lugar, los miki maus de la pared no me parecieron muy propios, la verdad, pero en algo me tenía que fijar para distraerme mientras me ponían la vía. En esto que la comadrona me empieza a preparar (vaya, a afeitar la perte de arriba del chirri) y de repente le digo: 'Hayde (se lee Heidi) creo que me estoy mareando' Mi sistema nervioso se puso idem todo junto y por fin reaccionó con una crisis vagal en toda regla, que rápida y profesionalmente me solucionaron echandome aire con un papel y haciendo un poco de cachondeo sobre el tema 'ay si es que no se puede venir asi de tranquila' A partir de ahi la cosita se puso mas seria porque ya nos ibamos para el quirofano; por bonita que sea la situación la palabrita de por si ya impone. A todo esto la ginecóloga no aparecía por ninguna parte y yo tuve otro pensamiento tontorrón del tipo y si ella no viene ¿me abrirá cualquiera de estos? es que el quiofano parecía el metro, entre la comadrona, la anestesista, otro gine que ayudaba, pediatra, enfermeras y auxiliares... me senté para la epidural, menos mal que ya me la habian puesto una vez y tenía experiencia, pero esta anestesista estuvo peor que el otro, la verdad, ni me explicó nada ni nada, ademas me hizo un poco de daño, menos mal que Hayde me abrazaba como si yo fuera un pollito mojado y desconsolado (que es lo que era en ese momento) Por fin aparecieron, no recuerdo bien quien llegó antes, la ginecóloga y el padre de la criatura. Ella llegó como en las películas con la mascarilla puesta y con unas frasecitas y sabiendo que ya nos metiamos en el tema, me dió animos. El padre de la criatura, vestido de verde quirofano con su gorro y todo -guapisisimo- me dió mas animos aun, se sento al lado de mi cabeza, tambien como en las pelis. Tuve una nueva oleada de valentía que duró hasta que alguien empezó a pisar uvas en mi barriga... ah no, no era eso, era que me estaban me-ti-en-do-ma-no: metiendo las manos en el cuerpo, oh maicgadt, la ginécologa me dijo las siguientes dulcísimas palabras "venga cariño que ya está aqui tu bebe" a lo que yo mentalmente respondí "hala pues vamos a echarle huevos a la cosa" y ahí empezaron las campanadas, animaron al papi a levantarse de su puesto y a mirar, con lo bien que estaba a mi ladito, y entonces el quirófano entero empezó a cantar "un pie, una pierna... ya sale la otra piernecita.... ooooh los huevetes (qué ilusión les hizo los huevetes, y eso que ya sabiamos que era niño) el cuerpo el cuerpo... ooooh" en ese momento me dolía pero ya pasaba un huevo del dolor, sólo quería verlo, pero me tuve que conformar con verlo dos segundillos, darle un besito en un pie que no se ni si le llegó, y ver la cara de ilusión del papá. Todo se terminó muy rápido y cuando me di cuenta me estaban subiendo a la habitación, donde ya me esperaba Pablo, su papá aun de verde, y el resto de la familia.
En realidad, lo peor de la cesarea fue la poquita movilidad que me dejó en las primeras horas para manipular al peque, tuve que conformarme con que me lo pusieran en la cama en el hueco del brazo; eso si, ya me las apañé, entre los libros que había leído y los cursos de preparación al parto, para enchufarle la teta en posición tumbados. En ese momento sólo pensaba "está bien, está bien, está bien" porque los días anteriores me entró la preocupación de si nacería sano, si tendría alguna cosa y tendrian que ingresarlo... pero como nadie me decia nada raro pues estupendo.
Los días de ingreso en la clínica fueron muy bien, nada de nada de dolor, me cuidaron mucho, se portaron fenomenal... y el viernes por la mañana ya nos dieron el alta y para casa. Lo celebramos con un bocadillo de jamon iberico de la tienda aquella para almorzar, porque eso si, del descafeinado de sobre en el desayuno de la clínica no te libras y eso te deja el aura tristona.
Bueno a todo esto se ha despertado Pablete que ha detectado con su superolfato mi ausencia y ha reclamado teta, asi que con la pausa son las cinco y media de la mañana... besicos